Retrospectiva histórica

de como nació la
LEY DE HIERRO DEL CANCER
(la 1ª Ley Biológica de la Germanische Heilkunde®)
 

Información breve
Dr. med. Ryke Geerd Hamer

Todo comenzó con mi propia “enfermedad” de cáncer de testículos en el año 1979, después que mi hijo DIRK fue mortalmente herido, mientras el dormía, por las balas del príncipe heredero italiano, V. E. de Saboya. Murió 4 meses después de los disparos mortales, el 7 de diciembre de 1978

Hoy sé que entonces sufrí un conflicto de pérdida que causó mi cáncer de testículos. 

En ese momento, sin embargo, todavía no conocía estas conexiones, pero sospechaba que mi hinchazón testicular, que sentí dos meses después de la muerte de mi hijo Dirk, tenía relación con su muerte, ya que nunca antes había estado seriamente enfermo. Así que me propuse investigar, en cuanto tuviera ocasión, si todos los pacientes que habían enfermado de cáncer, tuvieron previamente un shock tan horrible como el mío.  

El 7.12.1978 por la tarde murió mi hijo en mis brazos, en la Clínica Universitaria de Heidelberg. Fue el día más oscuro de mi vida. La desesperación más terrible que puede soportar un ser humano, la muerte de un hijo. Y todo esto en medio de un frente enemigo de médicos y enfermeras.

Yo sabía por uno de los urólogos, Prof. Röhl, que el jefe de la clínica mantenía tres veces al día conversaciones telefónicas con los abogados de la familia Saboya. Por lo visto en estas conversaciones se había llegado a la conclusión de que quizás sería mejor que mi hijo muriera, que esto tendría para la familia Saboya la ventaja de no tener que aguantar un lisiado como recordatorio (del crimen) para toda la vida, además de salir mucho más barato. Con los familiares ya se arreglarían. Tenían totalmente controlado el Tribunal de Francia, como ya es bien sabido, de modo que en 1991, es decir, ¡13 años más tarde! el príncipe fue absuelto del “pecadillo” de poseer un arma de fuego ilegal. Esto fue confirmado de manera macabra e inhumana por el Tribunal Supremo de Francia (Cour de Cassation). 

Mi familia estaba en Roma, yo estaba totalmente solo. 

No solamente enfermó el padre de la víctima con cáncer de testículos, también el otro padre, Umberto II de Italia, el padre del asesino, quien perdió su prestigio y su honor, enfermó de osteoporosis. Su autoestima se derrumbó. Ahora era el padre de un asesino y la familia Saboya era deshonrada para siempre. 
Umberto nos ha proporcionado una prueba contundente de la exacta sincronía existente entre la evolución del conflicto biológico y la evolución de la “enfermedad". 
Cuando en la casa de los Saboya se creía tener controlado que no llegase a tener lugar la proceso judicial, y así evitar que el crimen se hiciera público (a mí ya me habían ofrecido 2.000.000 de marcos alemanes para comprar mi silencio), se tranquilizó la enfermedad del ex monarca de la misma manera que el conflicto parecía tranquilizarse. Todo esto debería caer en el olvido.  Si no se iba a celebrar un proceso y por consiguiente tampoco se dictaría una sentencia, se hablaría un poco sobre ello, pero la cosa terminaría tranquilizándose. 

Pero el más alto tribunal del poder judicial de Francia, el Tribunal de Casación, decidió el 18 de mayo de 1982, que el príncipe debería ser juzgado por crimen con premeditación y el proceso debería comenzar sin demora. Entonces Umberto sufrió una recidiva, de nuevo su autoestima se desmoronó.

Después intentó volver a Roma para implantar allí la Casa Real y no para morir, como se decía. Los italianos le habían ofrecido retornar a Italia, pero a él solo. Él estaba decidido a colar  a su hijo ilegalmente, pero los italianos en un primer momento no quisieron aceptar al asesino. 

Sin embargo, después de una verdadera campaña de prensa para “el pobre rey”, realizada por los periódicos y revistas, en su mayoría pertenecientes  a los mismos monárquicos, finalmente se llegó a formar una mayoría a su favor. ¡Naturalmente que podía traer a su familia! Incluso se hablaba del restablecimiento de la monarquía en Italia. El que había sido rey (durante veintiséis días) se encontraba en Ginebra, a sólo un paso de la frontera.

Así las cosas, decidí publicar el 2 de marzo de 1983 a través de ANSA Bonn, el sumario del Fiscal General del Estado de Bastia, donde constaba que todas las investigaciones del futuro proceso contra el hijo del ex monarca habían sido completamente corrompidas por ayudantes, amigos y sobornados de la mafia real europea desde el primer día. Esta noticia fue ampliamente publicada en casi todos los diarios italianos. A partir de aquel momento, cambió por completo el buen ánimo existente para el retorno del monarca. De repente volvió a recordarse muy bien aquel “asesinato" del cual no se había vuelto a decir ni una palabra.

El ex monarca Umberto, quien era un asiduo lector de los diarios, comprendió que había perdido toda oportunidad de volver a Italia junto con su hijo. Se dio por vencido, lo desheredó. 10 años más tarde falleció. 
Yo hice que le comunicaran que hubiera sido mejor haberse arrodillado ante la madre de DIRK y haberle pedido perdón, en vez de inventarse constantemente nuevos trucos y estafas para corromper la verdad y la justicia. 

La evolución de la enfermedad del Rey Umberto es exactamente igual a la evolución de su conflicto de desvalorización total y sigue exactamente la LEY DE HIERRO DEL CANCER.

Yo mismo, como más tarde comprendí, resolví mi conflicto de pérdida gracias a las intensas conversaciones con mi mujer, quien era una bondadosa médica con mucha experiencia . Mi conflicto era que yo me hacía los peores reproches por no haber trasladado a mi hijo DIRK, mientras pude, fuera de aquel clima humanamente abominable del Hospital Universitario de Heidelberg. Por entonces, morir no me habría importado en absoluto. Incluso cuando me dijeron que tenía cáncer, sólo soñaba con mi DIRK cada noche.

Entonces me operaron. Hoy, después de conocer la LEY DE HIERRO DEL CANCER, con toda seguridad no dejaría que me operaran.

La oportunidad de llegar al fondo de mi sospecha sobre la causa psicológica del cáncer se me dio en 1981 siendo médico jefe de medicina interna en una clínica oncológica bávara afiliada al Hospital Universitario de Múnich. Cuando comencé a trabajar allí, se burlaban de mi: “Ahí es donde debe estar, ya se está buscando un lugar para morir”.
Respetuosamente, me dejaron tranquilo durante medio año. 
No sospecharon nada malo. Mis adversarios sólo se asustaron cuando anuncié el 5 de octubre de 1981 en la RAI y en la televisión
bávara que había encontrado un fantástico sistema que explicaba la aparición, la localización y la progresión del cáncer. 
Llamé al mecanismo de formación del cáncer DIRK-HAMER-SYNDROM (DHS), ya que este mecanismo fue el que pude observar en mí mismo con la muerte de mi hijo. 

Desde entonces, me persiguen como a un conejo en campo abierto. 
Primero vino el jefe médico de la clínica y me dijo que yo solamente me había inventado este sistema para demostrar que el príncipe también tenía la culpa de mi cáncer, que así se lo había explicado “un señor de Múnich”. Además, había hablado por teléfono durante dos horas con Mildred Scheel (presidenta de la fundación alemana contra el cáncer) y con el profesor universitario Krokowski (Universidad de Kassel) y también con profesores universitarios de la Universidad de Múnich y todos le habían aconsejado despedir a Hamer lo antes posible de la clínica, alegando que “engañaba a los pacientes”.

Me dieron a elegir entre retractarme, es decir, admitir que me había equivocado, o irme. Me fui.

Debido a mi trabajo intenso en la clínica oncológica de Baviera, creció mi certidumbre de que todo cáncer comienza con un fuerte shock psíquico. Sin embargo, no debe ocultarse que necesité ayuda externa para comprender plenamente el sistema que explicaba la aparición del cáncer y de todas las denominadas enfermedades. 
No tengo miedo de hacer un relato fiel sobre lo que sucedió, aunque esto pueda parecer "no científico" para muchas personas.

La LEY DE HIERRO DEL CANCER es el legado de mi difunto hijo DIRK. Su muerte no sólo propició el descubrimiento de estas correlaciones, sino que incluso después de su muerte, creo yo, siguió siendo partícipe de este descubrimiento mucho más de lo que uno se pueda imaginar.

Esto es lo que sucedió:
Cuando en septiembre de 1981 creí haber encontrado por primera vez un sistema que explicaba la génesis del cáncer, al que denominé DHS (DIRK-HAMER-SYNDROM), me “flojearon las piernas”, como se suele decir en alemán. 
Este descubrimiento me parecía demasiado grandioso, ni yo mismo podía creérmelo. 

Aquella noche tuve un sueño: mi hijo DIRK, con quien sueño a menudo y con quien delibero en sueños, apareció con su sonrisa bondadosa, típica de él, y me dijo: “Esto que has descubierto Geerd, es correcto, es completamente correcto - te lo puedo decir porque ahora sé más que tú -. Has estado verdaderamente brillante. Provocará una revolución en la medicina. Lo puedes publicar bajo mi responsabilidad. Pero debes seguir investigando. Todavía no has descubierto todo, te faltan dos cosas importantes”.

Me desperté y memoricé cada una de las palabras de nuestra conversación.
Ya estaba más tranquilo y, desde aquel momento, totalmente convencido de que el DHS (Síndrome de Dirk Hamer) era correcto. Hasta entonces había examinado a 170 pacientes. 

Llamé al señor Oldenburg de la Televisión de Baviera, quien ya había hecho un breve reportaje sobre el bisturí Hamer en el Congreso de Cirujanos de Múnich en mayo de 1978. El vino a Oberaudorf y rodó un pequeño reportaje que se emitió en Baviera el 4.10.1981 y, a la vez, en la Televisión Italiana RAI. 

Continué mi trabajo de investigación. Sabía perfectamente que en poco tiempo me iban a impedir seguir trabajando en la clínica, ya que mis resultados contradecían la medicina ortodoxa.

Investigando nuevos casos y al tiempo repasando una y otra vez los casos anteriores - que había listado en una tabla-, hice una constatación extraordinaria: por ejemplo, en los casos de cáncer de cuello uterino, o mejor dicho, úlcera de cuello uterino, siempre había un contenido de conflicto particular, un contenido sexual; el cáncer de pecho, sin embargo, siempre se debía a un conflicto humano general, y a menudo un conflicto madre-hijo; el cáncer de ovario, a un conflicto de pérdida, etc.

Estos hallazgos me parecían por un lado lógicos y razonables, demasiado razonables como para no creerlos. Sin embargo, no sólo iban en contra de la medicina convencional, sino que ponían la medicina entera patas arriba. ¡De hecho, este descubrimiento demostraba, nada menos, el hecho de que es la psique la que determina dónde se forma el cáncer!

De nuevo me “flojearon las piernas”. Todo el asunto me parecía demasiado grande. 

La siguiente noche soñé de nuevo con mi hijo DIRK. El me alabó y me dijo: “¡Impresionante, Geerd, esto sí qué lo has averiguado pronto. Lo has hecho muy bien!” Entonces, de nuevo con su sonrisa incomparable, dijo: „Ahora solamente te falta una cosa y entonces lo habrás encontrado todo. No puedes darte por vencido, debes continuar investigando. Seguro que también lo encontrarás ".

Me desperté totalmente convencido de la exactitud de mis resultados. De modo que seguí investigando con frenesí para descubrir a qué última cosa se refería DIRK.

Cada nuevo caso que me llegaba lo examinaba según los criterios que había establecido y comprobé que se cumplían siempre, en todos ellos. Así que DIRK tenía razón. Examiné de nuevo de arriba a abajo no sólo todos los casos pasados - de los que había hecho un protocolo -, sino también los nuevos casos y especialmente los casos de “carcinomas dormidos".

En el verano de 1981 caí en la cuenta de que la comprensión de los "carcinomas dormidos" nos desvelaría el secreto del cáncer y probablemente de toda la medicina. En ese momento le dije a mis colegas: "Cuando descubramos por qué duermen, habremos descubierto el secreto del cáncer".

Los colegas se tocaban la frente y pensaban que yo era un bicho raro. No podían entender por qué Hamer iba en todos los departamentos de la clínica en busca de "carcinomas dormidos" y que sería lo que estos podrían tener en común.

Se convirtió en una carrera contra reloj. Yo sabía de sobra que estaban a punto de prohibirme examinar a más pacientes. Así que durante mi última semana de servicio trabajé prácticamente día y noche. Entonces, de repente, me di cuenta de algo que me quitó hasta el aliento: en los casos en que el paciente había sobrevivido, el conflicto siempre se había resuelto; en cambio, en los casos en los que el paciente había muerto o había empeorado, el conflicto no se llegó a solucionar.

Yo ya estaba acostumbrado a que cosas que yo consideraba correctas, los colegas con quienes intentaba hablar, simplemente las tachaban de tonterías y no querían saber nada del asunto. Sin embargo este conocimiento no es que fuera grande para mí, más bien era colosal. Yo estaba totalmente desconcertado y literalmente las piernas se me hicieron mantequilla.

Y de nuevo soñé con mi hijo DIRK, tan claramente como las veces anteriores. Esta vez estaba incluso lleno de admiración y sonrió con aprecio diciendo: “¡No creía posible que llegarías a dar en el clavo tan pronto! Sí, es correcto. Ahora ya tienes todo. No hay nada más que te falte. Exactamente así es como es. Ahora puedes publicarlo todo bajo mi responsabilidad. Te prometo que no vas a hacer el ridículo porque es la verdad”.

Cuando me desperté a la mañana siguiente, recordé el sueño tan claramente que se borraron mis últimas dudas. A mi DIRK siempre le pude creer y ahora que estaba muerto aún con más razón.

Después de exponer mis hallazgos a todos mis colegas de la clínica en una conferencia (hallazgos, por cierto, contra los que no tuvieron nada que objetar), me despidieron sin preaviso. El despido debía ser efectivo a finales de septiembre, pero desde ese mismo momento se me prohibió entrar hasta en el comedor de los médicos, porque un médico jefe, con el que mantuve una discusión delante de sus asistentes, tuvo que reconocer que quizás podría ser verdad lo que yo decía y que, por consiguiente, todo lo que se había hecho hasta entonces sería incorrecto. Me prohibieron oficialmente la entrada al comedor por “desconcertar al médico jefe Merkel". 

Entonces, y más tarde también, comenté con algunas personas acerca de mis sueños y que en realidad le debía este descubrimiento de la LEY DE HIERRO DEL CÁNCER a mi hijo DIRK. Es posible que otros antes que yo hubiesen llegado a esta idea y que no se hubiesen atrevido a dar los siguientes pasos. Quién sabe si me hubiera atrevido yo a seguir adelante si mi DIRK no me hubiera dado la certeza en un sueño de que lo que encontré era correcto. 

No temo contar la verdad sobre cómo sucedió. La verdad no puede quitar “carácter científico” ni mérito de una persona. 

Mi DIRK tiene derecho a la gloria, no sólo por haberme facilitado el descubrimiento de la génesis y evolución del cáncer a través de su muerte, sino también por haberme animado a continuar investigando después de su muerte. Por lo tanto, considero que este hallazgo es el legado de mi hijo DIRK. ¡Y así es como debe permanecer!

Bueno, mis queridos lectores, hasta aquí les he contado fielmente como se llegó al descubrimiento de LA LEY DE HIERRO DEL CANCER.

El Síndrome de Dirk Hamer o DHS (DIRK-HAMER-SYNDROM) es el eje y la piedra angular de la Nueva Medicina Germánica (actualmente denominada Germanische Heilkunde®):

  • Todo cáncer es precedido por un shock psíquico severo, una experiencia conflictiva muy fuerte 
  • El conflicto vivido siempre es extremadamente dramático (en el alma del paciente)
  • Se trata seimpre de una experiencia conflictiva que se vive en aislamiento, en soledad. 

Es importante comprender que en el segundo del DHS, que pilla a la persona totalmente desprevenida, no sólo se experimenta un impacto muy fuerte (shock) sino que esa situación conflictiva se vive con un contenido muy específico.

Cuando usamos la palabra “conflicto”, hay que decir que no se trata de conflictos psicológicos, conflictos como normalmente se entiende, sino de conflictos biológicos. Este tipo de conflicto pueden sufrirlo las personas y los animales, hasta las plantas de una forma similar. 

¿Qué es algo conflictivo?
Una vivencia que produce un shock, que coge a la persona tan desprevenida, que queda en un primer instante paralizada, sin capacidad de reacción:

Nunca me había pasado algo así.
Jamás podría haberme imaginado algo así. 
Me quedé como si me hubiera partido un rayo. 
Me quedé de piedra. 
Me quedé helado.
Me quedé sin habla.

También hay que tener en cuenta que lo que percibimos como una situación estresante no tiene por qué desencadenar un  DHS, un conflicto biológico. Así por ejemplo la muerte de una persona o un divorcio o el hecho de que alguien sea alcohólico, no tiene por qué ser algo inesperado, que nos pille desprevenidos, ni algo que nos sea inconcebible.

La LEY DE HIERRO DEL CÁNCER fue el primer paso en el camino de la Germanische Heilkunde®. Esta era la primera ley de las 5 Leyes Biológicas ahora existentes. 

Traducido por grupo de trabajo español

Copyright by Dr. med. Ryke Geerd Hamer